Las drogas, como tantas otras actividades consideradas escandalosas por las normas sociales, han sufrido el veto de las pantallas como intento de ocultar y negar lo que sucede en el mundo real.
Esta situación está cambiando en los últimos años y las drogas legales e ilegales que se consumen habitualmente aparecen frecuentemente en los filmes comerciales.
El cine y las drogas tienen una relación ficticia por partida triple. El séptimo arte transforma la realidad, ilusiona, manipula y engaña en aras de unos minutos de felicidad. Cuando la película se acaba queda la emoción. Gracias a las drogas también soñamos, nos ilusionamos, viajamos a otros mundos, vemos con otros ojos y nuestro mundo emocional se distorsiona.
Por último, el cine no es un documental sobre “el mundo de la droga” ni un testimonio materno. El cine es una producción cultural, una expresión artística del hiperrealismo, neorrealismo, surrealismo o realismo social difícilmente neutra. El cine no satisface las expectativas de los profesionales de las drogodependencias porque no refleja nuestra perspectiva del fenómeno.
Un saludo.

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